viernes, febrero 23, 2007

La responsabilidad terrorista de la izquierda

Que el terrorismo es sólo la punta del iceberg es algo que ya hemos dicho aquí en varias ocasiones, más de dos, de hecho. El problema es mucho más profundo que la existencia de cohortes de fanáticos cuyo único objetivo es la destrucción. Irak, la kale borroka,el Nunca Máis o el 11-S parecen cosas muy distintas, pero son solamente distintas expresiones del mismo odio a la civilización. José María Marco remite en una excelente crónica a un no menos excelente libro, Enemy at Home: The Cultural Left and Its Responsibility for 9/11, un título que encogería los esfínteres de la derecha ibérica, tan maricomplejines ella, pero que mis compañeros estadounidenses me habían recomendado ya durante las bellas navidades y que no puedo menos que aconsejarles a pesar de algunas matizaciones que les comentaré. “D'Souza mantiene que los progresistas han llevado a cabo un programa de destrucción de algunas de las claves de la identidad norteamericana, en particular del papel de la religión en la vida pública y del de la familia. Es la invención de una nueva cultura norteamericana, laica y sin restricciones morales, lo que ha propiciado la reacción de los musulmanes y ha dado pie al fundamentalismo islámico”, dice José María Marco. Y no es que lo diga él o que lo diga D’Souza o que lo diga Anne Nicole Smith. Es un hecho conocido por todos, un elefante rosa en medio de la habitación.

Creo sinceramente que es preciso decirlo. Sin aspavientos, sin que se nos pueda acusar de crispadores. Con la serenidad y la fuerza de la razón y la verdad. Pilotos suicidas, gudaris, fedayines, los voluntarios del chapapote, zerolos… La diferencia es de forma, no de fondo. Y es hora de que la gente pueda decirlo sin ambages, de quitarse el bozal de la corrección política para gritar a los cuatro vientos nuestro deseo de vivir en libertad. Es difícil, pero tenemos la responsabilidad y la obligación de abrir los ojos a nuestros semejantes, porque es la única garantía de supervivencia. Dirán que mi trabajo me lo facilita. Pero yo no veo la diferencia entre informar a los niños de la gran batalla que se libra en las mentes y los corazones de nuestra sociedad y hacerlo con los compañeros de la oficina. Los Peones Negros nos pueden dar una lección de cómo ser un embajador de la verdad.

Por lo demás, discrepo al igual que José María Marco de D’Souza. No, no hay un interlocutor válido en el mundo islámico. Quizá los estadounidenses, cuyo mayor pecado y cuya mayor virtud sea el idealismo, piensen que el Islam tiene remedio. Pero en España sufrimos ocho siglos de dominio islámico y sabemos bien que no se puede tender una mano a quien sólo busca apropiarse de las mujeres, del agua y de la tierra.

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