jueves, noviembre 09, 2006

El mercado encuentra su propio uso para las cosas

Como el progreso no-conoce-límites, en España se venden paquetes que contienen treinta y dos cajas de fósforos (léase cerillas) cada una de las cuales reproduce vistosamente una pieza de un juego completo de ajedrez.
Velozmente un señor astuto ha lanzado a la venta un juego de ajedrez cuyas treinta y dos piezas pueden servir como tazas de café; casi de inmediato el Bazar Dos Mundos ha producido tazas de café que permiten a las señoras más bien blandengues una gran variedad de corpiños lo suficientemente rígidos, tras de lo cual Ives St. Laurent acaba de suscitar un corpiño que permite servir dos huevos pasados por agua de una manera sumamente sugestiva.
Lástima que hasta ahora nadie ha encontrado una aplicación diferente a los huevos pasados por agua, cosa que desalienta a los que los comen entre grandes suspiros; así se cortan ciertas cadenas de la felicidad que se quedan solamente en cadenas y bien caras dicho sea de paso.


"Lucas, sus estudios sobre la sociedad de consumo".

Esto dice Cortázar, ese pésimo novelista (gran día para las letras aquel en que nadie recuerde "Rayuela") y cuentista interesante. Defensor del tirano castrista incluso tras el caso Padilla, gran amigo de sandinistas como el cura rojo Ernesto Cardenal, se cree seguramente que está haciendo una gracia y los unineuronales de los progres que lo lean se creerán muy inteligentes sonriéndose con esta estupidez. Cuando en realidad lo que revela es la gran libertad para la inventiva y el progreso que ofrece la sociedad de consumo, una libertad que es el más feroz enemigo de la izquierda. Dentro de unos límites razonables (frente al desenfreno utópico totalitario) nada es estático, nada está escrito en piedra, nada es una ley intocable, nada es solamente una cosa, sino que tiene potencial para metamorfosearse en algo aún más útil si cae en buenas manos. Y la sociedad de consumo, que somos todos y en la que todos tenemos voto y capacidad de decisión, premia las mejores y más provechosas invenciones, castiga las ineficaces (o al menos las relega al olvido hasta que alguien las sepa adaptar a los gustos y necesidades de los individuos) y contribuye así en este proceso de selección económicamente natural a la mejora de la calidad de vida de todos. El enemigo de este castrista irredento es "un señor astuto", es todos los señores astutos que crean en el mundo sin permiso. Desde la torre de marfil habitada por todos esos izquierdistas mediocres, que solamente son capaces de novedades artificiales y estériles como "Rayuela", novela creada en el vacío con toda la arrogancia ungida del mundo, semejante proliferación de libertad y de independencia de los individuos, capaces todos de producir algo digno de atención, es una aberración. Cuando los aberrantes son ellos, con su elitismo falsamente populista. Alguien como Cortázar, ese traductor para la UNESCO, condenaría sin duda esa cosa monstruosa (para él, claro) que es la blogosfera, donde todos pueden (podemos) escribir y leer lo que nos dé la gana. Lástima que no llegara a verlo, sus diatribas serían seguramente chorradas brillantes y profundamente huecas, cómicas hasta la micción.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

http://porfinesviernes.blogsome.com/2006/11/09/me-muero-por-vivir-en-un-piso-de-30-metros/

11:13 p. m.  
Anonymous avanti said...

Y no llegó a verlo porque, como usted sabe, se suicidó. Leí a Cortázar a finales de los 70 bajo el aura de un mito que, al final, ha resultado inexistente.Pero, créaselo, me hizo más perjuicio que beneficio y, estimo, a muchos más que estuvieron, también obnubilados por la presunta magia del amigo de Cardenal y Castro.
Encantado de leer este blog,conocido a través de Eduardo (Bilbaopundit).
Saludos de otro manchego.

9:00 p. m.  

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