martes, enero 23, 2007

Una querella necesaria

Tal cosa y no otra es la acción legal que la AVT anuncia contra Javier Marías por un artículo inadmisible, publicado, como no, en El País. Un ejemplo más de la demonización de aquellos que no se someten al entramado terrorista que desde el 11-M, si no antes, dirige la política de este pobre país. España no merece semejante desgracia. Las cosas, sin embargo, por desgracia y por vergüenza de muchos, son diferentes.

El objetivo es, una vez más, las víctimas, las de verdad, no las que tienen las manos manchadas de sangre por su criminal complicidad con la estrategia de sus verdugos. Marías manipula, inventa, miente, produce odio. Artículos como éste violan la libertad de expresión, del mismo modo que quien dibuja en una pared una diana con un nombre dentro tampoco ejerce dicha libertad. Marías se ha manchado las manos de pintura como otros se la mancharán de sangre. Su tinta negra, como esa pintura de spray, son en realidad rojas.

Nada que añadir a las palabras de Francisco José Alcaraz. Dos puntualizaciones, no obstante. La primera, que a un escritor que en sus novelas (ni malas ni buenas, simplemente sobrevaloradas) mezcla realidad y ficción como en "Negra espalda del tiempo", y que juega con narradores que no ven con claridad los hechos o directamente los distorsionan, nada hay que creerle. Su carrera literaria conspira en su contra, conspira en contra de cualquier intento de otorgarle veracidad, no digamos verosimilitud, a la escena sin duda inventada del acoso a su amiga. Un momento mediocre de un narrador mediocre. Nada más.

La segunda es más sutil. Marías siempre ha declarado que su mentor era Juan Benet, ese frívolo intelectual. Un escritor abstruso que redactó algunos comentarios de dilettante sobre la Guerra Civil que no pueden llamarse historia; alguien que, según se cuenta, era incapaz de escribir sin consumir a la vez fuertes dosis de alcohol. Alguien que intentó vender la idea de que el día del Alzamiento se produjeron dos revoluciones, en un ejercicio de equidistancia que intenta parecer más mesurado, más justo, más acertado que la burda propaganda de las izquierdas totalitarias que pretende superar. Marías intenta colar la misma falacia cuando menciona al falangista sevillano que va a por el lector de El Socialista y a los milicianos que arrestan a quien acudía habitualmente a misa, pretendiendo igualarlos. Nada más falso. En el primer caso, se actúa contra un militante de una organización que había conspirado contra la legalidad democrática republicana, contra un miembro de una organización revolucionaria y golpista; tal actuación sólo obedece a la más elemental lógica de control y mantenimiento del orden en una retaguardia. En el segundo, los milicianos que persiguen a un católico no hacen más que llevar a cabo una siniestra maniobra de exterminio religioso, exterminio físico pero también conceptual, al convertir a la religión en una ideología y transformar a los fieles a un credo en enemigos políticos a los que atacar y destruir por motivos políticos. Tal ha sido desde siempre la estrategia de las izquierdas ateas, destruir la especificidad de la religión mediante dicha transmutación bastarda, para así derribar un bastión firme contra su colectivismo totalitario. El invidividuo con un alma propia y autónoma que solamente responde ante Dios y Su Iglesia nunca se someterá al Estado; el primer paso de todo totalitarismo estatista ha sido la eliminación de esta trascendencia. Cuando Marías iguala, dentro de la persecución contra media España, a un lector de El socialista con un lector de la Biblia, en realidad hace bien poco que se distinga de subir unas escaleras, rodeado de otros milicianos con armas en la mano, para derribar la puerta de un individuo libre e indefenso que va a ser convertido, en breve, en una nueva víctima.

1 Comments:

Blogger Mariam shall die said...

Alguien que lee "El SOCIALISTA" es un socialista, impresionante deducción lógica (¡¡¿¿??!!) del liberal asiduo a escolar.net.

3:18 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home