viernes, agosto 18, 2006

Fábula de la propietaria, el inmigrante y el policía


Hace poco tuve el gusto de volver a ver House of Sand and Fog, la pequeña obra maestra del director independiente ucraniano Vadim Perelman (un fichaje reciente de Hollywood con un gran talento dramático que va a dar mucho que hablar en el futuro próximo). La comento aquí porque no recibió en España la atención que se merecía y creo que todo liberal debería ver esta fábula del estatismo. A los que no les gusta que les cuenten el final de las películas, que no sigan leyendo.

Kathy es una ex-drogadicta que padece una depresión post-matrimonial. Un día despierta con policías en la puerta de su casa con una orden de deshaucio. El estado de California le embarga su casa debido a un error burocrático. Mahmoud Behrani es un militar huído de la revolución islamista de Jomeini. Acaba de conseguir un ventajoso matrimonio para su hija en la comunidad de exiliados, y, merced al pluriempleo, consigue a duras mantener a su mujer e hijo en un confortable tren de vida y termina apartando dinero suficiente para comprar, a precio de risa, la casa de Kathy en subasta pública. Kathy intenta recuperar su casa, pero Behrani sólo la va a revender a precio de mercado (cuatro veces superior al que pagó en la subasta). Aprovechando la atracción-compasión que Lester, uno de los policías que la deshaució, siente por ella, Kathy utiliza al agente para intimidar a la familia de Behrani. Ante la inquebrantable fortaleza del iraní, Kathy termina desesperándose y se intenta suicidar frente a la casa. El intento falla, pero debido a una superstición persa (o por compasión), Mahmoud Behrani decide entrarla en la casa, donde intenta suicidarse de nuevo. Lester, el policía, irrumpe en la casa y cree que han intentado hacerle daño, y mantiene rehén a la familia. Behrani pepara un plan para librarse de él, pero en su ejecución, algo sale mal y unos policías de paso terminan matando a su hijo.

El sueño americano (independencia financiera y un hogar) se ha convertido aquí en una pesadilla. La pregunta, ¿quién sobra? o, por mejor decir, ¿qué ausencia simplificaría el estado de relaciones entre individuos libres? Evidentemente, el policía, la figura del abuso de la autoridad estatal.

El error por el que Kathy pierde la casa se origina en la burocracia del condado, que se limita a mandar correspondencia reclamando el pago de cierto impuesto. Kathy, hasta cierto punto, está imposibilitada a causa de enajenación mental. En un estado de derecho (como dicen los progres), esta circunstancia sería más que suficiente para detener el proceso. Pero ni toda la compasión del policía ni un largo proceso legal le evitan el ser arrojada a vivir en su coche y ver como la propiedad heredada de su padre pasa a manos de un extraño.

A fin de llenar sus arcas, el Estado ejerce de perista al subastar a precio de risa bienes privados enajenados. Kathy erra al dirigir su furia contra Behrani: él sólo ha aprovechado una oportunidad disponible al mejor precio, y, al proponer la reventa de la casa, sólo procura maximizar el beneficio de la operación (comprar propiedad embargada comporta un alto riesgo, ya que a veces comporta enjuagar a la deuda asociada a dicha propiedad).

Lester, figura del poder coercitivo del estado (el emblema del condado siempre está visible cuando él se encuentra en la escena) aparece siempre en una posición de fuerza, intimidando a los sujetos. Existe un momento crítico: cuando Behrani termina encontrando una solución a los problemas de la familia y de Kathy, es decir, cuando se produce un principio de acuerdo privado, es precisamente cuando Lester pierde los papeles definitivamente y termina por secuestrar a los Behrani en su propia casa, supuestamente en defensa de los intereses de su protegida. Es decir, cuando el estado ha perdido el control sobre las relaciones libres entre individuos, se encuentra en el punto en que debe intensificar su fuerza coactiva.

La película empieza con un policía preguntándole a Kathy. "¿Es esta su casa?" "Sí", contesta ella. Después de la tragedia, aparece de nuevo un policía repitiendo la pregunta. Ella contesta "no". ¿Es que ya no reclama la propiedad de su casa? No es eso: es la voz de una víctima del chantaje. Kathy y Mahmoud han perdido lo mejor de sí mismos a raíz de la incompetencia y la agresión de la burocracia estatista. No hay redención posible en la desolación del final, salvo esa advertencia sobre el potencial destructivo que tiene el estado cuando se entromete en las aspiraciones individuales más legítimas.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Muy buen análisis.

Es el mal funcionamiento del estado quien creo el problema.

6:35 p. m.  

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