jueves, julio 20, 2006

Reflexiones sobre el veto del presidente Bush

George W. Bush ha ejercido el derecho al veto presidencial por primera vez desde el principio de su mandato para prohibir una macropartida de fondos federales destinada a financiar a científicos que investigan con células madre. No cabe duda de que es un acto destinado a contentar a una parte considerable de su base electoral compuesta por protestantes “de derechas” y un considerable número de católicos desafectos a la nefanda era Kennedy, como revela a las claras y sin ánimo de esconderse el boato “familiar” con que el presidente ha comunicado su acción a la prensa.

Estoy dividido sobre este tema por varias razones, por eso este post no es una argumentación coherente, sino una serie de reflexiones sueltas para mí mismo. Por un lado, cualquier acción prohibitiva de gobiernos generalmente mal llamados democráticos me produce urticaria. Por otro lado, mi apego a la religión católica no me permite ver con buenos ojos este tipo de investigaciones.

Sin embargo, y muy a pesar de la malaprensa española, el presidente Bush no ha prohibido nada. Bush ha vetado el dispendio de fondos “públicos” en esta investigación. No la ha prohibido. Si EEUU fuera España, la investigación con células madre sería prohibida por decretazo (ZPtazo) y no tardaría en venir Maritere con sus muñecos a contarnos lo feo que está esto de la investigación con las células madre y como todo buen progre-ciudadano debe negarse a escuchar nada sobre ella escupiendo tres veces sobre el suelo.

Es decir, hace mucho tiempo que en Estados Unidos empresas e instituciones privadas realizan investigación con células madre. Aquí está la diferencia de talante (uy, perdón) liberal entre un país y otro. Es más, me atrevo a especular que este veto presidencial tendrá efectos positivos inesperados para esta investigación. Cuando las entidades privadas saben que ya no pueden “colgarse” de fondos gubernamentales para que sus científicos divaguen y merodeen por derroteros especulativos, toda la fuerza intelectual debe concentrarse en finalidades que produzcan beneficios para la compañía o entidad que subvenciona la investigación. Por lo tanto, es posible que el veto presidencial lleve a una utilización más eficiente de los recursos limitados disponibles para este objetivo.

Me queda una última reflexión intempestiva. De hallarse las curas milagrosas que los científicos prometen, ¿cuál debería ser la posición de los católicos practicantes al respecto? ¿Habría una posibilidad por la cual podríamos negarnos a recibir tratamientos creados sobre la base de la investigación con células madre? Dudo que haya una solución simple. Si uno pudiera recibir tratamientos selectivos, los ecofascistas ya estarían instruyendo al público a negarse a recibir tratamiento basado en la investigación con animales. Pero por otro lado la posición de cultos como los Christian Scientists (que se niegan a cualquier tipo de cuidado médico moderno y creen en la curación por la oración) me parecen retrógadas o incluso antirreligiosas. A fin de cuentas, Dios no puede ayudar a quien se niega a ayudarse a sí mismo (cosa que, por cierto, no les entra a los católicos “de izquierdas” ni a martillazos).

En fin, estas son las reflexiones del día sobre este tema.

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