viernes, julio 14, 2006

La tercera vía es la cara amable del comunismo.




Ando un tanto decepcionado después de mi lectura de The Undercover Economist, de Tim Harford. Pensaba que una recomendación de Jagdish Bhagwati (autor de In Defense of Globalization) estaría a prueba de bomba. Pero no ha resultado ser éste el caso.

El libro no engaña al presentarse a sí mismo como “pop economics” (nada en contra: el público tiene derecho a informarse desde una perspectiva informal y entretenida). El problema es que promete, desde su portada Dicktracyesca, ser una aproximación gamberra a la economía, tal vez de un tinte un poco más oscuro que la de Stephen Levitt, pero al final todo queda en otro refrito de economía ficción a la tercera vía. Resulta que el autor es economista británico, columnista habitual del Financial Times y ex-asesor de algunos peces gordos en el Banco Mundial y en la International Finance Corporation. Una vez examinado el libro, la conclusión es clara: Tim Harford es uno de esos economistas introducidos en los EEUU a finales del gobierno Clinton, que hoy viven dedicados a buscar maneras de ampliar el control gubernamental sobre la libre empresa y que están contribuyendo a que la economía de EEUU quede en un lugar muy inferior al que debería estar.

El gusto con que Harford cuenta cómo el gobierno británico desplumó salvajemente a varias compañías de telecomunicaciones por el derecho a usar espectro de onda lo dice todo. En cambio, presenta concursos similares que se realizaron en EEUU y en Nueva Zelanda como fracasos debidos a la aplicación de teoría dura de juegos. No, señor Harford: los gobiernos de EEUU y NZ hicieron lo que debían hacer: mantenerse al margen del juego del capital para que las telecomunicadoras hicieran una valuación racional del valor de ese derecho según su propio criterio experto (no apostando sobre lo que otros creen que es ese valor, como en las subastas) sobre el cual determinar el precio apropiado. El resultado final lo sabe cualquiera que haya vivido a ambos lados del Atlántico: imaginen quién tiene una red de telefonía móvil amplia, barata y efectiva.

Al tratar del espinoso tema de la salud, Harford da en el blanco cuando afirma:

“If we were asked to take responsibility for our own medical care we would pay much closer attention, and many more resources (public and private) would respond to our demands to know more”.

Una verdad como un templo de la que se siguen propuestas acertadísimas como cuentas de ahorro-salud privadas, transferibles y libres de impuestos, etc. Sin embargo, aquí viene la trampa: las compañías de seguros se harán cargo de las situaciones “catastróficas”. ¿Cuál es la vara de medir del señor Harford? Sin duda, si corro peligro de muerte, afronto una situación catastrófica. ¿Y si hablamos de la pérdida de un ojo o de un riñón? ¿Es una situación medio-catastrófica? Me corresponde a mí el pago, o la compañía deberá pagar la mitad de los costes? La respuesta de Harford: será determinado por la ley (o por los gobiernos). Aquí es donde comienza a vérsele el plumero a Harford: la idea subyacente es que todos somos iguales y una institución superior central puede imponer criterios uniformizadores a todos los ciudadanos.

¿Y de dónde vienen estas ideas? Aquí van un par de perlas:

“supporting the jobless is something that every civilized society should do”

“In a civilized society we will want to make sure that everyone can afford some standard of medical care”.

Dónde dice “sociedad civilizada” hay que leer “utopía”. Harford es otro de esos intelectuales criado en las mieles hiperprotectivas de la tercera vía, neocomunismo disfrazado de economía de mercado, que ha llegado a EEUU dispuesto a corregir ineficiencias imaginarias en el excelente sistema de salud norteamericano. Los argumentos de Harford son penetrantes, pero fundamentados en premisas erróneas e ideológicamente tendenciosas, lo que da lugar a conclusiones blandengues. Véase si no:

“In the case of healthcare, the market works poorly because while we want the reassurance of knowing they can afford expensive medical bills, inside information eats away the insurance by driving away low-risk customers and forcing premiums to rise. (...) Governments can replace markets, but they will often do better to try to fix them.”

La última oración se comenta por sí sola. En cuanto por qué en EEUU los consumidores menos pudientes abandonan los seguros médicos, (gente joven de renta baja, incluyendo un alto percentaje de high school dropouts y madres solteras) no es porque no puedan permitírselo, sino porque existen alternativas financiadas por el estado, de modo que mientras que algunos tipos no llegan a pagar seguro médico, otros sufridos productores lo pagan dos veces: el del estado y el de los beneficiarios del welfare.

La economía es esto: el trade-off o equilibrio. Nada es gratis, y lo que aparece en un lugar tiene que haber aparecido de alguna parte. Por eso creo que el manual de referencia fundamental para ingenios legos sigue siendo la pequeña obra de un gran autor:

8 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Después de leer esto, sólo me queda preguntar al autor si realmente conoce el sistema sanitario americano de primera mano: yo sí, y puedo asegurar que funciona exclusicamente si tienes dinero para pagarlo. Es un auténtico desastre, y sus "ayudas" podrían considerarse un mal chiste si no estuviéramos hablando de personas con serios problemas desamparados por el estado.

9:08 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

También me resulta entrañablemente simplista el maniqueísmo que destila el texto: parece que en el mundo sólo hubiera dos opciones, comunismo o neoliberalismo desregulador. Ambas son extremistas, utópicas y, por tanto, indeseables, basadas en principios erróneos. Lo triste es comprobar cómo se defienden como si de dogmas de fe se trataran, sin ejercer un sano ejercicio de autocrítica constante que nos lleve a comprender sus defectos y virtudes. En fin.

9:14 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

A mí lo del excelente sistema sanitario americano me ha llegado al alma. ¿Es un chiste?

2:19 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Excelente sistema sanitario americano? Jua, jua, jua... Tú no has estado en Estados Unidos ni de lejos.

11:48 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

acabo de leer el libro y me parece muy interesante y sin dudas me identifique con las soluciones que brinda para temas como la salud, ahora leo esta opinion del libro y aunque soy neofito en estos temas, esta persona (al parecer muy entendida) tiene un tono muy fuerte casi que ofensivo con el punto de vista del autor del libro...tendra este todas las respuestas? es que alguien la tiene? calmese hombre y demuestre que usted si tiene la verdad en la mano...pero sin molestarse...

9:19 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Uffff, Manchego fue a la yugular. Si fuera tan agresivo en mis comentarios diria que con Manchegos como el, es normal ver su comunidad autonoma en la situacion que se encuentra. Viviendo de subvenciones. Pero imagino que alguien que define el sistema sanitario americano como "perfecto" debe estarlo pasando muy mal en un sistema fomenta-parasitos

5:57 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Un economista que haga lectura puntual de este libro, encontrará un texto sumamente rico en aplicaciones concretas de la teoría microeconómica, que siguiendo una secuencia lógica, derivará en un análisis macroeconómico. Considero que el eje conductor de este libro, son los incentivos y el costo de oportunidad, la interrelación que existe entre estos conceptos que no solo explican por qué Starbucks tiene tasas de crecimiento tan grandes, envidiables para otras empresas. Sino que con el mismo planteamiento micro, explica por que China logró combinar ambos conceptos, para impulsar su producción. Quizá faltaron diversos mecanismos que usa China, las similitudes y discrepancias con el neoliberalismo implantado en las economías de forma casi generalizada, etc. Pero considero que Harford aporta instrumentos muy interesantes para analizar la realidad con herramientas como la Teoría del Consumidor y la Teoría del Productor, de Costos.
Me queda la duda si el autor de este blog tiene conocimientos "duros" de teoría económica, de ser así, hubiera encontrado en este libro un interesante texto lleno de ejemplos de la abstracción que se plasma en los libros de microeconomía.

9:57 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Por cierto! ¿Qué es comunismo?
Creo que por tu título "La tercera vía es la cara amable del comunismo." ves al comunismo como "un cepillo de dientes para 1000 personas". De ninguna manera. El comunismo es la interpretación y puesta en marcha fallida de lo que Marx consideraba verdaderamente comunismo, démosle gracias a Lenin, el primer gran MAL intérprete de El Capital. De cualquier manera, te invito a leer el "manifiesto comunista" e ilustrarte un poco. Quizá lo que consideras comunismo es lo que Harford llega a proponer. Intervenir el mercado para lograr equilibrio, pero, por definición el mercado no tiende al equilibrio dado que los empresarios buscan la maximización de las ganancias, ergo, es necesaria una intervención para poder "inducir" al equilibrio.

10:03 p. m.  

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